|
Artículos
Espirituales El Arte de relacionarse consigo mismo, de Valerian Bernard BRAHMA KUMARIS UNIVERSIDAD ESPIRITUAL MUNDIAL bogota@bkcolombia.info |
Nosotros a cada instante estamos en conexión con nosotros
mismos, estamos utilizando nuestro poder interior de ser y estar, sin embargo, no
somos conscientes que nosotros mismos creamos esta conexión en el momento en
que la estamos experimentando. Y eso es algo muy extraño, es como si yo
estuviera haciendo una película sin darme cuenta que soy la directora de Ésta.
Entonces, si yo hago la película, yo soy aquella que supuestamente debería elegir
las imágenes en mi película. Sin embargo, yo siento que la vida de nosotros es un
poco así, como una película que estamos creando a cada instante, y estamos
creándola con miles de herramientas.
En esta película de nuestra vida
tenemos, por ejemplo, el actor principal. Y, ¿quién es el actor principal de la
película de cada uno? Pues, uno. De repente puede entrar otro actor O ACTRIZ
principal que empieza a desempeñar un papel muy importante en la vida de uno.
Pero, sin embargo, cuando cambiamos de actriz o actor principal, uno sigue
consigo mismo, y CONTINÚA creando esta película por medio de la cámara de su
propia atención: ¿a cuáles detalles estoy prestando atención en mi propia vida, en
este desarrollo interminable que es la vida de uno? A cada instante entran por
medio de estos ojos imágenes físicas, entran por medio de este corazón imágenes
emocionales.
En las películas, a veces sucede que la música o ciertos
sonidos ajenos a la escena que está sucediendo, nos anticipa algo que va a
acontecer, y aunque no concuerda con la escena visual, uno ya sabe que va a
pasar algo importante. De la misma manera, en nuestras vidas nosotros también
emocionalmente nos condicionamos a tomar ciertos sonidos o informaciones de
forma negativa y otras de forma positiva; nos condicionamos bastante, y NO
OBSTANTE somos como ciegos a este condicionamiento.
El personaje
principal, quien también es el actor principal y el camarógrafo, debería hacerse
consciente. Esto no es muy complicado, de hecho, debería ser simple, ya que uno
después tiene que soportar en carne propia su propia película; son estas escenas
las que me hacen triste o contento, angustiado o entusiasta, de acuerdo con lo que
he ido captando y emitiendo. Cuando yo me haga consciente de esta relación que
tengo conmigo mismo, va a haber una gran diferencia, porque esta es la clave de
nuestras vidas.
Primero debemos fijarnos de la relación que estamos
teniendo con nosotros mismos, porque por ejemplo: si usted va a ver un consejero
matrimonial es porque tiene algo que contarle, o si va al dentista no se va a negar
a abrir la boca, al doctor hay que contarle lo que está mal. De la misma forma,
nosotros mismos tenemos que desempeñar este papel de ser doctores de Nuestra
Propia humanidad, ponernos atentos a lo que está pasando internamente.
Entonces la primera pregunta va hacia: ¿cómo me considero a mí
mismo?. Para profundizar en ello y poder descubrir cómo se considera en realidad,
piense en las otras personas diferentes a usted mismo, como por ejemplo un
compañero de trabajo, de la universidad, su padre, su madre, el vecino, su novio o
novia, o cualquier otra persona; imagine cómo los calificaría usted a ellos. Ahora
los saca de su mente por un instante y se mira a usted mismo: ¿qué categoría se
pondría?. A los compañeros de trabajo, de estudio o simplemente conocidos
tendemos a catalogarlos como: "ese es Jose, el aburrido", "aquel es tonto", "ese de
allá es Miguel, es buena gente pero no es interesante", entonces, ¿cuál es la
categoría que lo representa a usted mismo en su propia forma de
considerarse?.
¿Cómo me trato a mí mismo?. Uno puede ver por ejemplo
cuánto tiempo se da así mismo y decirse: "¡ah, yo me doy todo el día!". Pero ¿será
que me hago esta pregunta pensando en cuánto tiempo creo que me merezco?.
Para ver esto, mire su propio espejo, mire cuánto espera que los demás le den a
usted: "¡ponme atención!", "¿y, por qué no vino cuando dijo?". En términos de su
pareja por ejemplo: cuánto tiempo espera que le de, y qué calidad de tiempo
espera?. Piense en sus amigos, sus hijos, sus padres, etc. ¿cuánto tiempo le da a
ellos? ¿Cuánto tiempo se da a sí mismo?.
En términos de relaciones,
algo muy importante es la atención que necesitamos, porque esta es la forma en
que nos sentimos queridos. Porque si yo digo desprevenidamente que quiero a
alguien pero no le presto ninguna atención, ¿qué tipo de cariño es este?. Primero
debo fijarme cuánta atención requiero para mí mismo; pero como siempre es difícil
observarlo en uno, puedo verlo antes en mis relaciones con los demás; como
cuando internamente pienso que me gustaría que me prestaran atención, pero no
lo digo por orgullo. Después vuelva a esta misma pregunta: ¿qué calidad de
atención me doy a mí mismo? ¿Qué calidad de atención creo que sería sano
darme?.
Una de las cosas que más necesitan los niños es la atención, y
ellos no dan espera, cuando la requieren debe dárseles, en el momento justo, sin
sobreproteger. La atención es una forma de expresar cariño, una forma de amor
muy precisa. Uno sabe por ejemplo cuándo alguien está enojado con usted: esa
persona puede que no lo mire, ni le hable, en fin, no le presta atención. Por lo
general, cuando uno está de buen humor y le agrada la compañía de alguien, se
fija en todo lo que ella o él pueda necesitar: si el vaso está vacío, si tiene hambre,
se fija si tiene frío y le busca un abrigo; mientras que cuando como personas nos
sentimos resentidos, es posible que seamos consciente de esos detalles pero no
hacemos nada por actuar con base en ellos. No se trata de dar para recibir, pero
en cuestión de trato, lo menos que se espera es reciprocidad.
En el
centro de nuestro mundo, de nuestra vida, la relación que tenemos con nosotros
mismos está ahí muda, silenciosa, imperceptible; porque, debemos aceptarlo, no le
prestamos la atención suficiente. Sin embargo, y es lo que nos cuesta a veces
reconocer, es que el resultado de la relación que tengo conmigo mismo se refleja
mi calidad de vida, en la calidad de las relaciones que tengo con los demás, en mi
felicidad en incluso en mi sufrimiento.
Es cierto, una de las cosa
más difíciles de poner en práctica es prestarse atención a uno mismo. El arte de
crear esta relación para mí personalmente, ha sido, y todavía es, un proceso de
lucha constante con este monstruo tremendo que es la inconsciencia, el cual es el
mismo personaje para todos nosotros. Es muy fácil desconectarse de la realidad
que yo estoy creando a cada segundo. Si usted observa su propia vida, usted está
en el centro y alrededor está todo el mundo; entonces, todo el mundo que veo, yo
mismo lo estoy percibiendo, y muy a menudo no nos cuestionamos sobre cómo es
que resuena en mi inconsciencia. No nos preguntamos sobre esta parte interna,
sino que nos quedamos en la superficie con miles de detalles, como por ejemplo:
"es que mi mamá..., es que mi papá..., es que las mujeres de hoy..., es que hay
que ser hombre, o hay que ser joven, o es que hay que ser rubia o morena, o de
tal nacionalidad, o de tal profesión..., etc." Hemos ido llenando nuestro mundo así
de todos estos miles de detalles que son de cierta importancia, allí está todo lo que
llamamos "la realidad".
Por ejemplo, podemos estar reunidas varias
personas, pero sin embargo cada una está en un lugar totalmente diferente que es
su propia cabeza, y cada uno recibe lo que escucha de acuerdo a su propio
entendimiento, madurez, interés, su propia circunstancia personal, sus
preocupaciones de lo que va a pasar mañana, y tantas cosas mas que fluctúan en
sus pensamientos. De acuerdo con todo esto que ya se encuentra en su interior,
cada quien va a ver la realidad. Esto es, la realidad no es tanto La Realidad
como
tal, sino que es mi relación con la realidad, cómo yo la percibo y
siento.
Básicamente, el empeño que yo pongo al desarrollar mi relación
conmigo mismo va a crear toda una diferencia en lo que va a ser la realidad para
mí. Es el típico ejemplo de un vaso que está con agua por la mitad y algunos lo ven
la mitad lleno y otros lo ven la mitad vacío. Hay gente que siempre ve la puerta la
mitad cerrada, o sea, el mundo amenazante... y es cierto, el mundo está muy mal,
pero sin embargo por qué dejo que esta percepción que yo tengo del mundo me
haga a mí relacionarme de esta manera. Por ejemplo, el miedo sale de mi propia
conciencia.
Estamos desarrollando la conciencia de la que somos
realmente dueños, el problema es que no creemos poseerla, y esto es un gran
problema. Vivimos en la conciencia de que somos víctimas y eso nos hace víctimas,
porque uno se visualiza como tal. Soy dueño, porque como lo dije antes, cada uno
de nosotros anda a cada instante creando su propia película de sus propias
experiencias, su propia visión del mundo, su forma de relacionarse, su forma de
sentirlo, de lo que está expresando y dando.
Cada uno de nosotros
tiene este derecho. No debe pensarse que sólo algunos pocos elegidos lo tienen;
es algo que todos tenemos pero como cualquier cosa se debe desarrollar. Y me
refiero a desarrollar la conciencia del potencial interno.
Imaginémonos
que nos ponemos anteojos rosados, entonces ¿de qué color va a verse el mundo?.
Constantemente olvidamos de que color estamos poniéndonos los anteojos para
ver el mundo y nuestro propio existir, frente a nuestra propia persona: yo me miro
de tal o cual manera, yo me considero de tal o cual forma, yo mismo me aparto de
mi derecho a ser feliz, no utilizo mi potencial de felicidad, y preferimos
identificarnos a ser una persona melancólica. El problema es que una vez que yo
creo esto me quedo estancado allí.
Es muy importante hacerse
consciente de que el principio básico de la libertad se aplica al ser, pero uno tiene
que entender que estos anteojos que tenemos, son básicamente anteojos que nos
dicen: "¡ah no, eso es normal!". Toda la historia de nuestros traumas, de las fallas
de nuestro mundo, de nuestras debilidades, etc. está ahí, y cuando hay problemas
salen a relucir: "te dije que eras tonta, que no eras capaz, que eras triste y que no
podías ser feliz, te dije que no podrías encontrar a alguien bueno con quien
vivir...", hay como una música así que está lista para tocar, es una música bastante
negativa, y todos la tenemos.
Es importante entenderlo, porque
básicamente yo sueno como un teléfono, y sólo puedo sonar un tipo de sonido a la
vez, porque a cada fracción de segundo creamos pensamientos y emociones, pero
el ser sólo tiene un pensamiento a la vez, entonces es muy importante aprender a
fijarse en este pensamiento que estoy creando ahora. Este pensamiento tiene un
color emocional, sentimental, tiene la fragancia del recuerdo, del empeño que le
pongo.
Relacionarme conmigo mismo significa no dejarme de último.
Como por ejemplo, si yo me quiero relacionar bien con mi hijo, lo mínimo que
puedo hacer es prestarle atención, y esto es natural para una madre: está
pendiente de él porque lo ama, porque significa mucho para ella. Pero consigo
mismo el ser es muy descuidado: "estoy aburrido, estoy de malas, ¡qué pereza!", y
uno se deja ahí. Uno no debe quedarse ahí, es un crimen, porque si yo me dejo
enveneno la vida de todos los demás, ya que entonces el tipo de fragancia que
emanaré será pura basura.
En el presente hemos desarrollado esta mala
costumbre de no relacionarnos, no hacernos conscientes, no estamos pendientes
de nosotros mismos. Entonces eso es algo muy importante que hay que revertir. El
teléfono no se desconecta del todo, sino que empieza a hablar triste o alegre. Sólo
estamos desconectados a la hora de dormir, pero estamos siempre concientes en
realidad. Por eso nos sentimos tristes, pero lo que nos pasa es que a la hora de
sentir, de percibir la realidad, hay una costumbre que es muy fuerte, que la
conozco porque la he experimentado, y es que uno se dice: "es así, soy triste,
estoy cansada, estoy brava, y ya!" Pero no es que soy así, sino que estoy tocando
esa música. Sólo debemos hacernos conscientes -lo que no es algo fácil- de esta
capacidad real que tenemos (porque realmente el ser tiene un potencial
impresionante).
A manera de anécdota, recuerdo cuando me
hospitalizaron una vez y me dijeron que me quedara en la cama, pero yo me
levantaba mucho, y a la mañana siguiente me trajeron de vuelta a la cama con dos
yesos, y ya no podía levantarme, por lo que me tuve que quedar en la cama.
Cuando me quitaron los yesos ya no podía caminar, se me había olvidado,
entonces lo que hice fue poner a caminar frente a mí a mi padrastro y yo miraba,
porque no sabía si levantar el pie primero o levantar la rodilla, ya no sabía cuál era
el gesto automático. Solo imaginemos, si en dos semanas de no caminar uno ya no
sabe cómo hacerlo, si llevo treinta y tantos años de no prestar atención
internamente: ¿cómo entonces me voy a poder concentrar? Debemos hacer
mucho acopio de paciencia y por supuesto, hacer nuestro mejor
esfuerzo.
Uno sólo logra cosas cuando las hace, puede que no sepa
cómo, pero si no lo hago me quedo donde estoy. Con nosotros mismos requerimos
un "tratamiento de choque", ponerse electricidad para despertarse, no es que
ustedes se lo tienen que dar a sus hijos o compañeros, sino que cada uno debe
hacerlo por sí mismo, porque nadie aprende por obligación, en lugar de ello, uno
aprende a resistir a la obligación lo mejor que puede.
Internamente el
ser tiene la potencialidad de hacer lo que sea que se propone, pero ya que es un
esfuerzo realmente grande es importante también tener conciencia de todo lo que
podría vivir, si me relacionara conmigo mismo de forma óptima. Y esto es lo que
hace mover al burro. La mejor forma de mover un burro es atarle una zanahoria
frente a su nariz, así el camina para comérsela, luego se aburre y ya no quiere
saber de nada, pero por un momento la cosa funciona. Cuando un burro no quiere
avanzar es muy terco, y se necesitan como diez hombres para
levantarlo.
Yo tenía una amiga pequeña que estudió magia y ella le dijo
a cinco hombres: ninguno de ustedes me levanta, y todos lo intentaron pero los
cinco juntos no la pudieron levantar. La resistencia de la inercia del ser humano es
así también, es decir, tenemos un poder y podríamos ir con nuestra mente más allá
de las estrellas y vivir felices para siempre, pero nuestra inercia nos mantiene muy
ocupados en otras cosas, en otro tipo de relación con nosotros mismos.
Es muy importante para motivarnos, obligarnos a visualizar,
experimentar, conocer lo que está del otro lado de las estrellas, porque yo no
quiero hacer esfuerzos para estar sólo un poquito mejor, nos han engañado tanto
a lo largo de los siglos: "la solución a esto es esto", etc. El ser humano está
cansado y no cree en las soluciones falsas, entonces prefiere sentarse frente a la
televisión y atontarse, eso es la inercia. Pero no es que no seamos capaces, no es
que cada uno no tiene un poder internamente absolutamente mágico, divino, el
problema es que la fuerza de la inercia nos mantiene en ese nivel. Por esto es un
reto la relación consigo mismo.
Uno puede aprender, puede viajar y
puede esforzarse. Aprender es básico, uno tiene que tener el potencial porque sino
no lo vamos a inventar, pero aprender es algo que se tiene que hacer queriendo, y
uno puede aprender de sí mismo pero con un mínimo de atención.
El ser
internamente contiene la suma de sus experiencias, la gran cantidad de su
potencial, contiene una chispa que es absolutamente divina, a imagen y semejanza
de Dios, ¿qué más podríamos querer? Y nosotros nos aburrimos, vamos a ver la
televisión, comemos, y hasta ahí. Es decir, hay adentro un mundo tan hermoso,
pero si yo me quedo dentro de este enorme paisaje que es mi mundo en el lugar
que más mal huele, cualquier escena maravillosa no existe para mí. El ser
internamente es como un gran paisaje, como un mundo, y el método para poder
entender este mundo y conectarse con el, vivirlo y poder experimentarlo, es
realmente el silencio, porque lo que nos pasa es que estamos muy involucrados en
la realidad externa.
Sabemos cuánta gente hay en el planeta, cuál es la
profesión de todos nuestros vecinos, conocemos a los antepasados de nuestros
abuelos, y las conexiones que hay entre todo el pueblo de Costa Rica. Imagínense
la cantidad de espacio de conciencia que ocupo con la realidad externa física,
material y limitada, durante el día entero todo el potencial de pensar está metido
allí. Y luego uno se pregunta: " ¿seré eterno?, ¿Dios existe?". Yo entiendo que uno
se pregunte esto, porque al nivel físico no existe la eternidad, ni existe Dios, ni
existe la belleza de la pureza. Mi ser lo que más anhela son cosas ilimitadas que le
van a dar fuerza, que le van a dar belleza y sentido a la vida. A veces hacemos las
cosas sin pensar: "si mi madre lo hace yo lo hago, si mi abuelo lo hacía yo
también", sin fijarnos, pero en algún momento debemos enfrentar las cosas, y
decidir cómo es que quiero pensar, cómo es que quiero vivir, qué es lo que quiero
sentir, qué es lo que anhelo en mi ser. Entonces tengo que darme el espacio para
hacer lo que yo realmente quiero vivir, tomar la decisión.
El poder del
silencio es el poder de abstenerse, de renunciar. Por ejemplo, si quiero tener
dinero tengo que abstenerme de gastarlo, si quiero tener poder a nivel de mi
mente para cosas espirituales, divinas, bellas, tengo que abstenerme de navegar
en lo superficial siempre. Porque no vamos a tener más segundos que los demás
para esto, veinticuatro horas es mucho, pero hay que abstenerse de ciertas cosas
para poder obtener otras, así como no puedo tener mi dinero en el banco y el
sillón.
Puedo utilizar mi potencial de pensamiento, mi potencial de
creatividad para estar en un nivel bajo o para visitar lo ilimitado. Y para visitar lo
último se necesita mucho poder, porque las dos cosas no combinan. Es como si
tienes dos cassettes, en uno tienes Mozart y en el otro Rock n´Roll, las dos cosas
no se pueden oir a la vez, o es como si se intenta mezclar agua con aceite, no se
puede.
Es así también a nivel de la conciencia, se pueden hacer ambas
cosas, puede haber agua y puede haber aceite, pero cuando estoy dentro del agua
no es cierto que estoy en el aceite. Puedo estar en el agua y mirar el aceite, pero
no es lo mismo que experimentar el aceite. Y para poder subir al aceite hay que
hacer un esfuerzo y después mantenerse.
Estoy aprendiendo a manejar
la forma en que yo quiero relacionarme conmigo mismo, aprendiendo a ver qué
hacer y qué no hacer. Y claro, uno puede decir: "es que yo no tengo potencial".
Bueno, está bien, no tengo potencial, pero... ¿quiero quedarme así? Estas son
excusas, en algún momento todos tenemos que tomar pasos más largos que otros,
pero es importante en esos momentos volver a trabajar el entusiasmo interior y
darse el tiempo, diciéndose: yo me tengo que dar a mí mismo 5, 10 o 15 minutos
reales, donde disfruto, vivo, ya que si me intereso pongo mi corazón en ello,
porque todo se puede hacer rutina. Eso es básicamente tenerse un poco de amor,
eso es tener misericordia para sí mismo, porque si yo tengo misericordia para mí
empiezo a ver que sí me importa, sí importa como pienso y qué es lo que hago. Y
claro que siempre de un lado vamos a tener todas las excusas del mundo para no
cambiar, porque así es nuestro mundo, es el mundo de las excusas. Aquí ya no hay
excusas, entonces requiere bastante fuerza enfrentarme con esto, porque de
repente uno se fija que ya no tiene excusas, y rápidamente uno vuelve al piso de
abajo y suspira: ¡casi cambié!. Es muy interesante observar cómo es que uno se
enfrenta y no quiere enfrentar, por eso es que nosotros a veces decimos que este
conocimiento es de un segundo.
Cuando se habla del ser interno,
nosotros en esta escuela lo vemos de esta manera: hay un ser interno que está
aquí adentro, es decir, que está basado en la relación que yo he llevado con el
mundo. Este ser interno existe, es mi potencial, la chispa divina que hay en cada
uno de nosotros.
Es muy importante ver que es un asunto de capas las
que están cubriendo a este ser interno, entonces hay que aceptar que existe cada
capa, pero que son efímeras. En estas capas de conciencia es en donde están bien
guardados todos mis defectos, no es que no existen, existen y es muy importante
tenerlo conciente. Pero cuando hablo de conocerse a sí mismo hablo en la
perspectiva de esta conciencia extremadamente pura; es importante visitarla,
experimentarla y utilizarla en la forma en que analizo la situación, porque si lo miro
con esta visión lo veo con la conciencia de que tengo que trabajar y que debo
hacerlo y punto, no es imposible, pero cuando yo me identifico a lo superficial veo
lo otro como lejano: "¡qué bonito... y no puedo alcanzarlo", es imposible en esta
conciencia baja llegar a pensar y creer que puedo alcanzar lo otro. Pero es muy
importante entender que esto es un engaño, porque lo que ya está lo podemos
cambiar, y así dejar de andar en ese otro nivel. Porque esto se creó debido a que
justamente la conciencia del potencial se perdió
Cuando no alcanzamos
nuestro potencial llegamos a sentirnos frustrados, eso es algo que pasa a veces en
nuestra vida, y en esos momentos es importante fijarse en cómo estamos
utilizando nuestra propia energía, y fijarme que si yo no puedo subir mi potencial,
es la prueba de que estoy utilizándola de mala forma, es decir, que estoy afuera
siempre. Por esto hay que volver al silencio, volver a la conciencia, a la capacidad
de percibir cómo me estoy relacionando yo con la realidad externa, cómo estoy
dejando que fluyan mis pensamientos, porque es la energía que tengo mi base de
subsistencia, y ella, por tanto, me hace fuerte y feliz o me vuelve débil y sin
ganas.
Es en el silencio cuando acumulamos energía interna. ¿Ustedes
creen que Dios está siempre cantando? No, ¿verdad?, El es un ser muy silencioso,
no piensa lo que no necesita pensar. Nosotros no sabemos "no pensar" lo que no
deberíamos pensar, pero estamos llegando a desarrollar esta soberanía interna.
Puede sonar un poco enredado, o un sortilegio de palabras similares, pero
medítelo, es una buena clave para mejorar su salud mental y espiritual, y por
ende, un buen aliado para fortalecer sus relaciones con el entorno y quienes lo
habitan.
![]()
![]()
Valerian Bernard es la directora de Brahma Kumaris para Costa Rica. Francesa de nacimiento, Valerian es una persona que hace muchos años ha trabajado con los seres humanos en diversos países del mundo, logrando a través del tiempo una visión integral de la vida. Si deseas contactarte directamente con ella, escríbale a su email: valerian@sol.racsa.co.cr
Calle 88 # 27-06 A.A. 90543 - Polo Club, Bogotá, Colombia
Tel.: 533 1339 / 533 1340 Fax: 623 4508
email: bogota@bkcolombia.info
web internacional: www.bkwsu.com (en inglés)